La discapacidad intelectual supone una limitación más o menos significativa para poder desarrollar el potencial que nos permita adaptarnos plenamente a la vida. Esto acentúa la necesidad y el derecho de estas personas a ser apoyadas y atendidas en cada aspecto personal de su vida y en el medio que se desarrolle esta.

Queda fuera de esta descripción, “La capacidad para reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones en nosotros mismos y cuando nos relacionamos” , esto es, LA CAPACIDAD EMOCIONAL, quizás porque no este afectada en la misma medida o que es DIFÍCILMENTE cuantificable. No podemos medir la capacidad para la alegría o la frustración, para amar, la empatía, el enfado.

Tenemos que pensar, sabemos, que toda persona por muy disminuidas que tenga sus capacidades, posee en si misma el potencial preciso para mejorar su deficiencia y sacar el máximo provecho de las que le restan, la alegría, el dolor, la rabia, el placer diario por la vida, son emociones que están presentes aunque quizás no sepan manejar bien. También, tal vez, nosotros no sabemos entenderlas o interpretarlas correctamente.

Cada vez que proporcionamos los medios necesarios, o disponemos las condiciones precisas para que se desarrollen y manifiesten, estamos contribuyendo a su bienestar, al placer, acaso a su felicidad. En los PROGRAMAS de OCIO es donde más se manifiesta todo el potencial emocional de cada uno, sobre todo su predisposición para la alegría y el entusiasmo desprovistos de prejuicios. Estas actividades mejoran la calidad de vida y su salud, entendiendo la salud en su concepto más amplio, esto es, el estado optimo de bienestar FÍSICO, MENTAL Y SOCIAL.

La felicidad humana depende más de una disposición mental que de las circunstancias que nos toquen vivir. Pero cuando a alguien en la “lotería genética”, o por azares de la vida les tocan las peores , estas mediatizan toda su vida. Cuando esto sucede es un deber del resto de la sociedad proporcionar cuantas medidas sean necesarias para que estas personas simplemente puedan sentirse bien, emocionalmente bien.
Los programas de ocio, el personal que trabaja con ellos y la financiación necesaria para llevarlos a cabo son ACCIONES EXTRAORDINARIAS.

El mundo de las EMOCIONES nace en las zonas más primitivas, desde un punto de vista evolutivo, de nuestro cerebro (Sistema límbico) y desde ahí partirán las ondas que narrarán PROBABLEMENTE los mejores momentos de nuestras vidas .

Potenciando estas actividades estaremos cerca de sus intereses, sus demandas y sus necesidades . Estaremos proporcionando la posibilidad de algunos de estos momentos.

Recaredo Majúa Bernardo

Médico Residencia “La Motilla”